jueves, 26 de agosto de 2010

Día 21 – P.N. Corcovado (Isla del Caño) 18/08/10

Empezamos nuestro último día en Corcovado con el maravilloso desayuno que nos preparan en Finca Maresia y con la esperanza de tener buen tiempo en la excursión a la isla del Caño. Parece que ha amanecido bastante despejado, así que, a las 7:00 ya estamos en la playa esperando a nuestro guía Roy para embarcar rumbo a la isla del Caño. Cuando estamos todos listos Roy hace una señal y una de las embarcaciones que esperan en la bahía se acerca para que podamos subir. Esta vez somos 4 en la excursión, una pareja de holandeses y nosotros. Roy es biólogo marino y ya nos acompañó en la excursión a Sirena, por lo que, resulta perfecto para esta excursión.

En esta época del año por los alrededores de la isla se concentra una gran cantidad de ballenas jorobadas, ya que están en temporada de reproducción y especialmente en esta ballena resulta espectacular por el modo que tienen los machos de cortejar a la hembra, saltando fuera del agua y golpeando fuertemente la superficie del agua con sus aletas. También realizan cantos para atraer a las hembras y a veces se pueden oír mientras buceas. Con un poco de suerte veremos alguna ballena cuando nos acerquemos a la isla. El trayecto dura unos 90 minutos y Roy nos explica que cuando veamos alguna nos acercaremos un poco para observarlas sin molestarlas.

Cuando ya estamos bastante cerca de la isla empezamos a ver soplidos que levantan nubes de agua pulverizada sobre el mar, señal que nos pone en alerta a todos y dirige nuestros ojos hacia el horizonte donde aparece una hembra con su cría y detrás de ellos un enorme macho escolta que intentará deshacerse de la cría para aparearse con la hembra. Las hembras que tienen crías no se aparean y por eso los machos pueden llegar a ahogar a la cría para que la hembra entre en celo.

Tras una media hora observando como las ballenas suben y bajan para respirar y ya un poco mareados del vaivén de la barca, nos ponemos en marcha para llegar a la isla antes que el resto de grupos que ya se ven por alrededor. Al llegar a la isla el patrón reduce la velocidad y pasa por encima de varios corales que se pueden ver desde la barca. El agua no esta del todo transparente pero tampoco esta muy mal. Después de revisar el equipo nos tiramos al agua, con la desagradable sorpresa de sentir unos pinchacitos por todo el cuerpo que no duelen pero son muy molestos. Le preguntamos a Roy, y nos cuenta que son pequeñas medusas inofensivas que si no son muchas no pasa nada, así que continuamos con el snorkeling. Vemos un gran banco de jureles cerca de una roca, además de muchas especies de peces de colores y alguna barracuda huidiza pero ni rastro del tiburón. Por esta zona es fácil de ver tiburones de arrecife de metro y medio y puesto que nos queda una segunda inmersión esta tarde, no perdemos la esperanza de verlos.

Salimos del agua ya un poco arrugados, el tiempo bajo el agua pasa sin darte cuenta, y tenemos que ir a la isla para comer y relajarnos un poco. Al llegar a la playa, otro desembarco estilo salta y corre pero esta vez sin el corre porque ya estábamos mojados. La playa es pequeña, pero muy bonita y con el estupendo día soleado la arena toma un color dorado brillante que apetece quedarte el resto del día allí tumbado.

Nada mas llegar Roy se pone a preparar el almuerzo en una mesa que hay a la sombra, y mientras tanto nosotros nos dedicamos ha inspeccionar la playa. Como no hay mucho que hacer en la pequeña franja de arena, decidimos tumbarnos al sol hasta que sea la hora del almuerzo. Mientras Esther tomaba el sol, me he acercado para hablar con Roy, por si le hacia falta ayuda pero ya estaba casi todo preparado, así que, nos hemos puesto a hablar de algunas anécdotas suyas en la isla. Me cuenta que antes se podía bucear cerca de las ballenas pero que ahora estaba totalmente prohibido, aunque a veces mientras buceas aparecen a tu lado y es una experiencia maravillosa. Ver como una ballena alimenta a su ballenato mientras te observa con su enorme ojo es una de las experiencias que Roy había podido vivir y solo por eso merecía la pena vivir en un lugar como este. La verdad es que Roy es una de esas afortunadas personas que están encantadas con su trabajo y esto se nota cuando te explica las cosas, por el entusiasmo que le pone.

Cuando todo estaba preparado Roy nos aviso para que nos acercásemos a comer, esta vez el almuerzo sí valía la pena. Teníamos varias ensaladas, de pasta con atún y de vegetales, entremeses y queso, así que nos pusimos las botas. Después de comer reposamos un poco la comida antes de hacer la segunda salida al mar.

A Esther como no le apetecía meterse en el agua por lo de las medusas, prefirió aprovechar los rayos de sol tumbada en la playa, así que el resto nos fuimos a probar suerte con los tiburones. Nada mas meternos al agua pudimos ver un pequeño tiburón que trataba de esconderse en una cueva. Estos animales son muy asustadizos y si te ven procuran evitar el contacto, al menos los de este tamaño. Estuvimos un buen rato observando todo tipo de peces de arrecife y por supuesto al asustado tiburón. Al subir a la barca otro grupo nos dijo que habían visto una tortuga, justo un momento antes de meternos al agua pero nosotros no tuvimos suerte, ¡quizás la próxima vez!

Tras recoger a Esther en la isla nos fuimos a ver ballenas y delfines de vuelta a Drake, nada más salir de la isla vimos a un gran macho saltando fuera del agua pero nos pilló tan de sorpresa que nos quedamos con la boca abierta por lo espectacular de la imagen, aunque no pudimos fotografiarlo. ¡¡Sólo por esa imagen ya valía la pena haber venido a la isla!! La guardaremos en nuestra memoria.

Estuvimos un buen rato esperando a que la ballena repitiera el salto, esta vez con cámara en mano, pero sólo salio para sacar la cola como diciéndonos adiós y no volvió a salir. En el camino de vuelta a Bahía Drake vimos un grupo de unos 20 delfines moteados que nos acompañaron durante un rato.

Al llegar a la playa nuestro taxi nos estaba esperando para llevarnos al hotel, que ya apetecía darse una duchita y relajarnos con una cerveza fresca en la mano. Después de la ducha estuvimos hablando un rato con los chicos de Valencia que acababan de llegar de Sirena y tenían muchas cosas que contarnos y con los nuevos huéspedes que habían llegado: una pareja de holandeses, dos catalanes y dos valencianos. Así que entre unas cosas y otras se hizo la hora de la cena, que con tanto mimo nos había preparado Juan. Está vez tocaba pasta, unos estupendos tallarines con setas y carne.

Después de la cena, Juanan y Juan (el chico valenciano) intentaron hacer una caminata nocturna en busca de ranitas que fotografiar, pero entre el barro y la incertidumbre de no saber dónde pisas y lo qué pisas, la excursión duro 20 minutos siendo generosos. Por lo menos lo intentó y una ranita si que pudo sacar, aunque no sepamos su nombre.


Día 20 – P.N. Corcovado 17/08/10

Hoy el día ha amanecido lloviendo y no parece que se vaya ha despejar en toda la mañana, así que hemos decidido quedarnos en el hotel y relajarnos escribiendo un poco del blog. Después de desayunar y charlar un rato con Cristine, que es la única huésped del hotel junto con nosotros (el resto se fueron esta mañana temprano), nos tumbamos en las estupendas hamacas y dejamos pasar el tiempo viendo como cada vez llueve más fuerte. Esto para nosotros no representa el menor problema pero, Cristine tenía que coger un bus para ir a Puerto Jiménez que con esta lluvia posiblemente no salga, ya que tiene que atravesar varios ríos muy caudalosos.


video

Sobre las 12.30 han llegado nuevos huéspedes, una pareja de Valencia, otra de Madrid y un francés, en realidad son dos chicos de Francia y su pareja es de Madrid. Tras instalarse, suben y nos presentamos, ellos son amigos y acaban de llegar a Costa Rica así que, les pasamos toda la información de lo mejor que nos ha pasado en el viaje.

Pasamos la mañana habando con unos y con otros y cuando nos damos cuenta es la hora de comer. Después de comer quedamos con Juan para que avise a una vecina suya que da masajes. Y dicho y hecho a las 15:30 estamos recibiendo un estupendo masaje con vistas a la selva. Cuando llevas unos cuantos días con la mochila a la espalda, los músculos se van cargando y un buen masaje puede ser la solución.

Tras la sesión de masajes volvemos a reunirnos con el grupo y seguimos con la charla y las cervezas mientras contemplamos el estupendo atardecer que nos regala Corcovado con unos colores celeste y rojo increíbles. Después cenamos con el grupo una estupenda “fideua” que nos preparó Juan y unos chupitos de ron de la tierra que nos sentó muy bien. Y tras la velada nos retiramos que mañana madrugamos para ir a la Isla del Caño a bucear y observar ballenas.

Al final el día ha sido bastante completo, a pesar de la lluvia no nos hemos aburrido y hemos podido disfrutar de la calma y el relax que aquí se respira.



Día 19 – P.N. Corcovado (Estación Biológica Sirena) 16/08/10

La mañana se presentaba despejada, después de haber estado toda la noche lloviendo. Esto podía ser buen presagio para ver animales, ya que después de una noche lluviosa los animales saldrían a secarse al sol de la mañana. Tras un ligero desayuno a las 5:30 de la mañana, salimos hacia la playa donde nos esperaban nuestros amigos catalanes y nuestro guía Roy, un biólogo marino que lleva cinco años trabajando como guía en la reserva de Corcovado.

Salimos en lancha sobre las 6:00 de la mañana, para llegar lo antes posible a Sirena, así que tras las presentaciones, la lancha puso rumbo a Sirena a toda velocidad. El trayecto es muy bonito y puedes darte cuenta de lo grande que es este Parque Nacional, durante la hora y media que dura el trayecto. Pasamos por la playa de San Josecito, que es una de las playas más bonitas y que se puede visitar desde nuestro hotel, tras una caminata de tres horas. Durante el viaje en barca, como es difícil mantener una conversación por el ruido del motor, vamos observando el horizonte por si aparece alguna ballena pero no tuvimos suerte. Aunque sí vimos algún delfín y una tortuga lora, que al subir a respirar se dejan ver en la superficie.

Al llegar a la playa de Sirena, otra vez toca desembarco tipo “salta y corre para que no te pille la ola” y acabes mojado hasta la cintura. Pero esta vez Esther se tropieza y acaba mojada algo más que la cintura. Así son estas cosas, lo importante es no hacerse daño, porque el agua solo moja. Y como estamos en una de las zonas más lluviosas de Costa Rica, tarde o temprano acabas calado hasta los huesos. Después del desembarco y tras colocarnos las botas de agua y las mochilas empezamos la caminata con el fin de ver el mayor número de animales posible. Para esto, contamos con Roy y su ayudante que tienen el ojo muy bien entrenado y no sólo el ojo, sino que también, el oído. Esta gente es capaz de reconocer infinidad de sonidos de animales, así que al parecer estamos en buenas manos. Sirena es una zona de bosque secundario, esto quiere decir que, anteriormente fue talado por el hombre y actualmente la vegetación no es tan densa como en un bosque primario, lo que permite ver animales con mayor facilidad.

Nada mas empezar a caminar por el sendero nos encontramos un grupo de monos ardilla o Titi que estaban comiendo tranquilamente entre las ramas de los árboles y que se acercan bastante a donde estamos nosotros. ¡Es increíble lo cerca que pueden estar sin que se asusten de nosotros! Esta especie de mono es la mas pequeña de los que hemos visto y sólo se encuentra en Corcovado.

Seguimos el sendero y continuamos viendo especies diferentes de monos, araña y cariblanca que juegan y se alimentan en las copas de los árboles. El sendero nos lleva hasta la desembocadura de un río, donde Roy ha escuchado a los tucanes y cuando llegamos los vemos volar de árbol en árbol. Roy nos explica que suelen desplazarse en grupo y se dedican a saquear nidos de otras aves matando a sus poyuelos para alimentarse. Así que nuestra imagen del tucán cambia un poco al saber que es bastante dañino para el resto de aves. Aún así, es un pájaro precioso y todos nos quedamos con la boca abierta cuando lo vemos por primera vez.

Dejamos el río, volviendo al sendero para dirigirnos a la estación Sirena, donde nos refrescaremos y podremos ir al baño. Por el camino pudimos viendo un hongo velo de novia, alguna araña hilo de oro acompañada de varios machos y como no, los ruidosos monos que nos van siguiendo por todo el sendero.

Al llegar a la estación, pasando por la pista de aterrizaje, nos tomamos un zumo y alguna fruta para reponer fuerzas. De camino nos hemos cruzado con un grupo que dice que han visto el tapir en la playa, pero Roy prefiere esperar a que salgan todos los grupos de la playa para no estresar al animal. Después de una parada de 20 minutos, seguimos el sendero que lleva a la playa y por el camino vemos al pájaro carpintero, un par de lechuzas que duermen en una rama y las preciosas lapas rojas (guacamayos) que se emparejan de por vida, lo que no les impide tener algún escarceo extramatrimonial.

La expectación aumenta conforme nos acercamos a la playa e incluso a Roy se le ve un poco nervioso. La danta o tapir es un animal nocturno y pasa el día dormitando en lugares frescos en la rivera del río y que evolutivamente se encuentra entre el hipopótamo y el caballo. Detrás de unas plantas que parecen aloes gigantes aparece tumbada una hembra de Tapir que no se percata de nuestra presencia. Uno a uno vamos pasando todo el grupo y cuando terminamos nos vamos a comer debajo de un gran árbol a la orilla del río. Todos estamos contentos a la vez que un poco cansados y hambrientos, así que abrimos las mochilas y sacamos los bocatas que nos habían preparado. Nos comemos solo uno, ya que el otro era de manteca de cacahuete, que a los americanos les debe encantar pero a nosotros no nos hace mucha gracia.

Poco antes de acabar con el bocata empiezan a sonar los truenos, que anuncian una inminente tormenta, por lo que Roy levanta el improvisado comedor y regresamos a paso ligero a la playa donde nos recogerá la lancha de vuelta a Bahía Drake. Ya en el sedero, empieza ha llover y la lluvia nos acompañara todo el camino de vuelta. En la lancha el aguacero arrecia y la vuelta con la lluvia y el frío, se hace muy larga. A pesar de llevar chubasquero acabamos empapados y por si fuera poco al llegar a la playa, el dueño del hotel el Mirador nos tiene esperando el coche 15 minutos bajo la lluvia, estando su hotel a pocos minutos de donde estábamos. Esta persona es la encargada de la excursión a Sirena que cuesta 85$ por persona y si quieren mejorar el servicio, como mínimo deben de ofrecer una comida decente, no un sándwich empapado en una salsa que acaba mojando el pan, y preocuparse un poco de sus clientes ofreciéndoles refugio cuando esta diluviando y el coche no aparece. Sobre todo si su hotel está a menos de cinco minutos.

Llegamos a nuestro hotel sobre las 15:00 y después de una ducha caliente nos relajamos el resto de la tarde en la terracita del comedor de Finca Maresía. Tumbados en hamacas, con una cervecita y observando a los pájaros que vuelan de copa en copa al atardecer se pasa el tiempo sin darte cuenta.

Para cenar Juan nos había preparado unas estupendas albóndigas caseras, que si no fuera porque estamos en Costa Rica, pensaría que mi madre estaba en la cocina de lo buenas que estaban. Tras la cena, un poco de tertulia con los otros huéspedes y a la cama que mañana queremos ir de caminata por las playas cercanas.

martes, 17 de agosto de 2010

Día 18 – P.N. Manuel Antonio – P.N. Corcovado 15/08/10

A las 7:00 de la mañana ya estábamos desayunando y con el equipaje dentro del coche, preparados para dirigirnos a nuestro último destino en Costa Rica, Bahía Drake. Desde donde visitaríamos el P.N. de Corcovado, situado en la Península de la Osa. Este parque nacional es uno de los puntos de mayor diversidad biológica del mundo y, por tanto, el que más ganas teníamos de visitar.

Tras un ligero desayuno, partimos muy ilusionados por las expectativas del lugar al que nos dirigíamos, teníamos la esperanza de ver alguno de los animales que todavía no habíamos visto, como la danta (tapir). El viaje en coche es bastante llevadero, ya que el tramo de carretera entre Quepos y Dominical es muy nuevo y aunque no se puede correr, se agradece no tener que ir esquivando baches. El destino final es Sierpe, un pueblecito donde dejaremos el coche aparcado durante toda la estancia en Bahía Drake.

Tardamos como dos horas y media, así que, sobre las diez de la mañana estábamos en Sierpe. Una vez aparcado el coche en un recinto cerrado y vigilado (6 $ por día), vamos al embarcadero del restaurante Las Vegas donde tenemos que coger una lancha hasta Bahía Drake (15 $ por persona), pero como hemos llegado muy pronto nos toca esperar junto al embarcadero, tomándonos un café. En el restaurante nos encontramos con un grupo de 4 amigos catalanes con los que habíamos coincidido en Bocas del Toro y pasamos la hora de espera hablando de nuestras experiencias por Costa Rica. Comentando aneadotas y viendo algunas fotos nos reímos un buen rato hasta que nos subimos a la lancha.

El viaje en lancha se divide en dos partes, una primera muy placentera que discurre por el río mientras observas el manglar de Sierpe, uno de los más grandes de Centroamérica y otra segunda, que dependiendo de cómo esté la marea y el oleaje, puede resultar bastante movidita.

Nosotros tuvimos la “suerte” de que las condiciones del mar eran bastante malas, así que nos toco sufrir varias intentonas de pasar lo que, en principio, parecía tarea imposible. Un muro de olas amenazantes que rompían justo delante de nosotros en la desembocadura del río en el mar, y que solo gracias a la pericia y años de experiencia de nuestro capitán pudimos sortear, no sin pasar mucho miedo y por supuesto calarnos hasta los huesos. El resto del trayecto lo hicimos sin problemas, pero el susto se reflejaba en nuestras caras. La llegada a la playa y el desembarco trascurrió sin problemas, lo único, es que te mojas por encima de la rodilla al bajar a la playa , así que se recomienda llevar pantalón corto y calzado que puedas mojar.

Más tarde nos explicarían que dos días antes de nuestra llegada, o sea el 13 de agosto, coincidió con el día de mayor marea baja del año y eso causaba que el encuentro entre el río y el mar fuese tan brusco y se formaran esas olas tan grandes que nos hicieron pasar ese mal rato.

Una vez con los pies en tierra firme y con los nervios algo más calmados, pudimos apreciar la belleza del paisaje que nos rodeaba, una inmensa playa de arena negra y el pueblo de Agujitas, donde nos recogería un todoterreno para llevarnos a nuestro alojamiento, Finca Maresia que pertenece a dos socios valencianos (25 $ habitación, 65-75 $ cabaña)

Llegamos al hotel tras recorrer unos 5 minutos de pista y nos esperaba Juan Azorín, el dueño del hotel, que nos hizo de anfitrión, mozo de carga y cocinero, ya que había dado el día libre a todo el personal del hotel por ser el Día de la Madre (festivo en Costa Rica). Después de instalarnos en nuestra cabaña subimos al comedor panorámico, donde Juan nos preparaba la comida, un estupendo lomo con huevo y patatas fritas que nos supo a gloria.

Mientras comíamos, Juan nos iba informando de las excursiones que podíamos hacer por la zona y como ya teníamos una pequeña idea de lo que queríamos hacer solo había que decidirse cuándo hacer cada una. A las 16:30 bajamos andando bajo la lluvia por la pista de tierra hasta el restaurante Jade Mar (el único del pueblo) donde habíamos quedado con nuestros 4 amigos catalanes que se alojaban en el hotel Mirador para tomar algo y ponernos de acuerdo con ellos para hacer alguna excursión. Sobre las 17:15 llegamos al restaurante y allí estaban nuestros amigos tomándose unas Imperiales, que es la cerveza de Costa Rica. Nos unimos a ellos con las cervezas y nos echamos unas risas todos juntos, al final quedamos en ir a la Estacion Biológica Sirena en el P.N. Corcovado al día siguiente. Nos despedimos y cogimos un transporte de vuelta al hotel (6 $), ya que, era de noche y empezaba a llover otra vez.

Ya en el hotel conocimos al resto de huéspedes, dos parejas de catalanes y Cristine, una chica austriaca muy simpática. Como la cena se sirve en la misma mesa para todos juntos, puedes comentar tus experiencias del viaje y dejarte aconsejar por los viajeros y además, Juan también se une a la tertulia y consigue que te sientas como si cenaras con amigos en nuestro rancho de Costa Rica.

Durante la cena nos visitó una ranita de ojos rojos, que todavía no habíamos visto en nuestro viaje, así que ¡otro animalito para la colección de fotos! Tras la sobremesa nos vamos a dormir, porque al día siguiente tenemos madrugón, a las 5:30 desayunamos para salir hacia Sirena.

Día 17 – P.N. Manuel Antonio 14/08/10

Cuando ayer conducíamos hacia Manuel Antonio nos fijamos en que la costa pacífica no se parecía a la del Caribe y al mismo tiempo se empezaba a ver cierta degradación urbanística por las localidades de Jaco y Quepos. Aquí el turismo (nacional y extranjero) parece imponer sus exigencias de ocupación del litoral, sin ningún cuidado de no dañar la estética de la costa. Esto nos sorprende mucho en un país que lleva años apostando por la conservación de su territorio y la protección del mismo. Esperamos que esta presión urbanística no acabe con estas costas tan salvajes y que para poder llegar a la playa no haya que atravesar una jungla hormigón y ladrillo.

Dicho esto, y después de haber desayunado, cogemos la mochila con los chubasqueros y un poco de agua y nos encaminamos por el camino de tierra que lleva al P. N. de Manuel Antonio, al llegar a la entrada nos encontramos con un sinfín de guías que nos ofrecen sus servicios, muy amablemente los vamos rechazando uno a uno, ya que hoy solo pretendemos andar un poco por los senderos y perdernos en alguna playa desierta del parque. Con las entradas en la mano,10 $ cada uno, accedemos al sendero principal del parque, vamos pasando grupos de turistas que atienden a las explicaciones de los guías y oímos que hace unas semanas hubo una tormenta tropical que arrasó gran parte de la zona costera del parque. Con este panorama de árboles caídos, cortados en pedazos para que no impidan el paso a los senderos, seguimos avanzando hasta encontrar las primeras indicaciones del Mirador y Playa Puerto Escondido a la izquierda. Pero en la entrada vemos un cartel de prohibido el paso, junto a un guarda del parque que nos dice que como llevamos buen calzado y el camino no esta tan mal, solo un poco embarrado, nos deja pasar. No sin antes darnos alguna recomendación sobre las mareas, por si bajamos a alguna playa. Aquí la marea puede sorprenderte en alguna playa de difícil acceso y el guarda nos avisa para que salgamos de las playas antes de las 14:00, ya que mas tarde puede ser muy difícil salir.

Tomamos el sendero hacia playa Puerto Escondido y detrás nuestra nos siguió un grupo de franceses bastante ruidosos, así que decidimos dejarles pasar para que no nos espantaran los pocos animales que pueden salir al paso. Para ver animales hay que caminar despacio y en silencio, observando todo lo que ocurre a tu alrededor. Después de 20 minutos de caminata llegamos a un cartel que nos indica que estamos en el buen camino y empezamos ha bajar una resbaladiza y embarrada pendiente, que de no ser por las cuerdas que habían habilitado no hubiéramos podido bajar (¡ahora entendemos las advertencias del guarda!).Al llegar a la playa, Juanan bajó el último tramo con la ayuda de algunas raíces y mucha suerte de no resbalar por el único acceso que había y tras una pequeña inspección del terreno decidimos que no valía la pena arriesgarse a romperse algo en el intento y decidimos volver al sendero principal a buscar otras playas mas accesibles.


Pasamos el resto de la mañana en Playa Segunda, una de las playas que están en la entrada del parque, disfrutando de un refrescante baño y observando los numerosos animales que bajan a los árboles cercanos a la playa.

Perezosos, monos cariblanca, mapaches y alguna que otra iguana que, quizás buscando la brisa marina o tal vez para robarle la mochila a algún turista despistado, se acercan sin miedo a estas maravillosas playas. Después de tomar el sol un buen rato, volvemos al hotel no sin antes ver un grupo de armadillos que rebuscaban en el suelo alguna raíz que llevarse a la boca.

Llegamos al hotel y tras una refrescante ducha nos fuimos a comer al restaurante La Esquina en el Mar en la playa de Manuel Antonio. Allí nos comimos un delicioso pargo rojo que estaba para chuparse los dedos. Y después de esta deliciosa comida nos acercamos a una de las tiendas que vimos de camino a Manuel Antonio para comprar algún regalito que al final no compramos porque los precios en esta zona están desorbitados debido al exceso de turistas, sobretodo americanos.

Ya de vuelta en el hotel aprovechamos para escribir el blog y descansar. Por la noche una cenita ligera en el hotel y a dormir que mañana será un día muy largo porque nos vamos a Corcovado en la península de La Osa.

Día 16 – Reserva Nacional de Monteverde – P.N. Manuel Antonio 13/08/10

Si de algo nos sirvió la caminata nocturna del primer día en Monteverde fue para enterarnos de que en el hotel Sapo Dorado organizaban una excursión por la mañana para visitar la finca privada Sendero Tranquilo donde crecen los árboles del aguacatillo, alimento básico en la dieta del tan huidizo y difícil de ver, “ave del paraíso” o Quetzal. Así que, en cuanto nos enteramos nos apuntamos sin dudarlo a pesar de la dificultad que tiene poder ver a este precioso animal que en algunas culturas consideraban un Dios, y sus plumas solo las podían llevar los reyes en ocasiones especiales.

Nos pusimos en marcha sobre las 7:00 de la mañana y nos dirigimos a la fábrica de quesos donde habíamos quedado con Manolo, nuestro guía para la excursión. Después de las presentaciones nos subimos al coche y subimos por un camino paralelo a la fábrica hasta llegar a la finca del Sendero Tranquilo. Esta tenía una valla cerrada que Manolo abrió para que pudiéramos meter el coche y tras conducir unos 500m llegamos a una explanada elevada donde aparcamos el coche. Aquí nuestro guía nos hizo una pequeña introducción sobre lo que era bosque nuboso y como funcionaba la formación de nubes gracias al choque de aire caliente traído por los vientos aliseos y las corrientes frías del Pacifico que propiciaban la formación de nubes que las epifitas del bosque aprovechaban para recoger el agua. Esto hace que al caminar por el bosque caigan gotitas de agua, aunque en ese momento no llueva. Es un ecosistema extremadamente frágil y cualquier cambio, por pequeño que sea, afecta gravemente al bosque y por consiguiente a las especies que en el habitan. Y de ahí el gran interés que tiene la comunidad de la zona de Monteverde y Santa Elena por proteger el mayor número de áreas con bosque nuboso.

Después de la explicación, nos pusimos a observar y pudimos ver varios tucanes en las copas de los árboles y oír al pájaro Campana que emite un sonido muy característico, como el de una bocina. También vimos otras aves más pequeñas, pero ni rastro del Quetzal.

Andamos un poco más adentro por los senderos de la finca y el guía nos dijo que fuéramos muy despacio y callados por que nos acercábamos a un árbol de aguacatillo. Los guías son imprescindibles en este tipo de excursiones, ya que, tienen el ojo muy acostumbrado a ver todo tipo de animales entre la vegetación. Si no fuera por ellos resultaría muy difícil saber donde están las huidizas aves. Tuvimos bastante suerte, ya que, en el primer aguacatillo vimos un macho adulto y varias hembras, que después de un rato observándolos volaron a otro árbol más seguro lejos de nuestras miradas. En el siguiente grupo de árboles pudimos observar unos 5-6 ejemplares más, así que nos sentimos muy satisfechos de haber conseguido ver al mítico quetzal.

Entre una cosa y otra se nos pasa el tiempo volando, observando a estos animales tan bellos, pero la visita no solo incluye ver Quetzales, y Manolo que es un entusiasta del bosque nuboso, también quiere enseñarnos un sendero que discurre por el bosque y que él utiliza para hacer las caminatas nocturnas. En el sendero vemos un Higueron extrangulador y Manolo nos explica la curiosa forma que esta planta tiene para polinizar sus flores, que están dentro de su fruto y por medio de una avispa especializada en este fruto consigue una simbiosis perfecta entre la planta y el animal. La avispa entra por un pequeño orificio, pone sus huevos y muere en su interior y cuando nacen las avispas se comen parte del fruto y los restos de su madre y salen al exterior a buscar más frutos. Se nota que disfruta hablando del bosque y como él dice, se pasaría todo el día con nosotros, lástima que tengamos que irnos porque a las 12:00 hay que dejar la habitación del hotel. Por si alguien está interesado en hacer esta excursión puede contactar con el hotel Sapo Dorado (nos cobraron 20 $ por persona) o bien directamente con Manuel Solis en el tlfn: 2645 6036, el móvil 8703 4891 o por mail: manologuiame@gmail.com

Después de volver al camino donde vimos los Quetzales y comprobar que aún seguían por allí, conseguimos ver al pájaro campana que habíamos estado oyendo toda la mañana. Justo después comienza a llover y el tiempo se nos acaba, por lo que decidimos regresar al hotel para recoger las maletas y dejar la habitación.

Una vez todo recogido, emprendemos el camino hacia Manuel Antonio. Esta vez salimos de Monteverde por la carretera contraría a la que entramos en dirección a San José y nos encontramos una pista en mejores condiciones que la de subida y que nos mantendrá entretenidos con los baches y botes durante unos 15 km.

Al llegar a Guacimal aparece el asfalto y podemos seguir nuestro trayecto hasta Sardinal donde nos incorporamos a la carretera nacional nº1 que nos llevará hacia Puntarenas. Antes de llegar a Puntarenas, cogemos la carretera nº 27 en dirección a San José que es un autovía de peaje (la única que vimos en todo el viaje) y nos salimos por la salida a Jaco por la carretera nº 34 que está en muy buenas condiciones. Pronto descubrimos que toda esta infraestructura está destinada a que la clase pudiente de San José acceda a la playa los fines de semana y vacaciones, ya que al llegar a la costa de Jaco observamos que el desarrollo urbanístico y turístico es desmesurado si lo comparamos con la costa del caribe. Puedes ver edificios altos a pie de playa y carteles de inmobiliarias por todas partes y es una verdadera pena, ya que el resto del país está tan bien conservado!!

Al pasar Jaco decidimos parar a comer porque son cerca de las 15:00 y tras reponer fuerzas volvemos a la carretera hasta llegar a Quepos, la ciudad más cercana al Parque Nacional de Manuel Antonio al que nos dirigimos. De aquí, cogemos una carretera estrecha que serpentea paralela a la costa salvando los acantilados y que llegará al pueblo de Manuel Antonio donde se encuentra el hotel Vela Bar que esta a 200 m de la entrada al parque.

Llegamos a Manuel Antonio sobre las 17:00 y tras instalarnos en el hotel damos una vuelta por las animadas calles cercanas al hotel y nos tomamos dos cócteles tropicales aprovechando la famosa “happy hour” que todos los bares ofrecen al atardecer. Después nos vamos al restaurante del hotel a cenar y a la cama que el día ha sido muy largo y con muchas emociones.

sábado, 14 de agosto de 2010

Día 15 – Reserva Nacional de Monteverde 12/08/10

Esta mañana nos levantamos muy temprano porque tenemos reservado un Tour en la Reserva Biológica de Monteverde a las 07:30 de la mañana. La entrada a esta reserva cuesta 17 $ por persona y el guía, que es obligatorio, también cuesta 17 $ por persona. Desayunamos rapidito a las 06:30 y fuimos con nuestro coche hasta la entrada de la Reserva donde nos encontramos con Francisco, nuestro guía.

Iniciamos el sendero y Francisco nos explico las diferencias entre bosque lluvioso (que es lo que habíamos visto hasta ahora) y bosque nuboso que es lo que predomina en esta área. Para empezar el bosque nuboso sólo se desarrolla en zonas con una determinada altitud (en este caso unos 1500-1600 m) y orografía. En esta zona converge la divisoria de aguas entre el Pacifico y el Caribe y se encuentra la cadena montañosa central de Costa Rica, así que los vientos alisios, cálidos y húmedos, provenientes del este (Caribe) forman las nubes al encontrarse con las montañas y quedan atrapadas ahí. Este bosque nuboso no tiene mucha precipitación (3000 mm anuales) comparado con el bosque lluvioso, pero las plantas extraen el agua de las continuas nieblas que caracterizan a este bosque. Por lo que este bosque nuboso tiene una vegetación arbórea muy densa con mucha población de epífitas sobre sus troncos y ramas, y una fauna endémica característica como el famoso pájaro quetzal (ave del paraíso) considerado sagrado por los incas.

En nuestra marcha con Francisco por el bosque nuboso pudimos ver algunas plantas y árboles característicos y varios nidos de colibrí.

Luego nos tomamos un capuchino en una cafetería cercana a la entrada de la Reserva que tiene bebederos para colibrís y se pueden ver diferentes especies y tras descansar un poquito nos dirigimos a una zona más baja de altitud para poder observar a los quetzales alimentándose de los aguacatillos. Tras casi una hora conseguimos ver un macho juvenil.

Después fuimos a comer a un restaurante italiano porque a las 13:30 habíamos quedado en nuestro hotel con los chicos de Selvatura Canopy para que vinieran a recogernos para realizar un Canopy. El canopy consiste en tirarse en tirolina por encima de la copa de los árboles con cables de hasta 1 Km de longitud. En si la tirolina es como otra cualquiera, pero lo que lo hace diferente es el paisaje que estas viendo mientras te deslizas a toda velocidad. Una experiencia recomendable para amantes de la aventura. En Monteverde hay varias compañías que organizan estos canopies con diferentes niveles de aventura. Nosotros lo hicimos con Selvatura que tiene 13 cables y un salto de Tarzán con una caída al vacío de 2-3 seg y luego te quedas colgando de un péndulo, fue increíble, de verdad!!

Cuando volvimos del canopy al hotel pudimos ver el atardecer desde la terraza del hotel tomando unas cervezas y luego fuimos a Monteverde a cenar algo y a descansar que mañana también madrugamos.

jueves, 12 de agosto de 2010

Día 14 – P.N. Rincón de la Vieja – Monteverde 11/08/10

Después de un estupendo desayuno servido por el atento Diego del Rinconcito Lodge nos dispusimos a cargar las maletas y partir hacia Monteverde, pero el Rincón de la Vieja no quería dejarnos marchar y nos regaló un fuerte aguacero, así que nos relajamos en el porche de nuestra cabaña a esperar que amainara y la verdad es que aquí te sientes como en casa.

Sobre las 8:30 pudimos partir bajo la lluvia esta vez por una pista de tierra en dirección hacia Bagaces. Por este lado, la pista de tierra es sólo de 10 km y luego está asfaltado hasta Bagaces, por lo que nos resultó más sencillo y cómodo que la pista de 22 km que hicimos desde Liberia para llegar al parque.

Una vez en la carretera principal nº 1 nos dirigimos hacia Cañas y luego hacia Juntas por donde está uno de los accesos a la zona de las reservas biológicas de Santa Elena y Monteverde. Tras pasar Las Juntas, la carretera desaparece y nos encontramos una pista empinada de unos 23 km hasta llegar a Santa Elena que es la población más cercana a Monteverde. A unos 3 km de nuestro destino paramos en la cafetería Belcruz donde pudimos saborear un sabroso café espreso de la cooperativa de Monteverde y a su vez relajarnos observando a decenas de colibris que acudían a alimentarse de melaza en los bebederos. ¡Fue una aunténtica delicia después de casi 3 horas y media de viaje!

Nos instalamos en el Hotel Belmar y aprovechamos la conexión wifi para llamar a la familia y actualizar este blog, ya que habíamos estado 4 días sin Internet. Aquí las fuertes tormentas y los rayos hacen que con frecuencia el Internet no funcione.

Para comer nos dirigimos al pueblo de Santa Elena que está muy próximo y probamos un restaurante de sushi porque ya habíamos comido mucha carne en los últimos días. Enfrente del restaurante había una agencia de tours y reservamos una caminata nocturna en el Bosque Eterno de Los Niños para las 17:30 por 22 $ por persona con transporte incluido. Y mientras hacíamos tiempo recorrimos las tiendas de Santa Elena y tomamos un café en la Tree House Coffee.

A las 17:30 nos recogieron en el hotel y nos llevaron a la Reserva del Bosque Eterno de los Niños, esta reserva se caracteriza por ser la reserva privada más grande de Centroamérica y se fundo gracias al esfuerzo de unos niños suizos inicialmente que recaudaron dinero para salvar el bosque nuboso y protegerlo. Al llegar nos esperaba Marvin, nuestro guía para realizar una caminata nocturna por el sendero del Bajo del Tigre. En total éramos 6 personas en la caminata y conseguimos ver algunas ranas, insectos nocturnos, arañas, gusanitos fluorescentes, luciérnagas, una tarántula, algún pájaro descansando (momotos) y eso fue todo, no conseguimos ver serpientes ni osos perezosos, pero ya sabemos que la naturaleza es caprichosa y te muestra en cada momento lo que quiere.

De aquí volvimos al hotel sobre las 19:30 y salimos al restaurante Morphos en Santa Elena para cenar algo de pescado.

miércoles, 11 de agosto de 2010

Día 13 – P.N. Rincón de la Vieja 10/08/10

Hoy vamos a recorrer parte del Parque Nacional de Rincón de la Vieja que está situado en la zona Norte de Guanacaste muy próximo a la frontera de Nicaragua. Este Parque tiene dos volcanes, el volcán Rincón de la Vieja(1895 m) y el volcán Santa María (1916 m) y ambos están activos, por lo que la zona tiene bastante actividad geotérmica, que es lo que caracteriza a este parque.

Por suerte, hoy también ha amanecido despejado a pesar de que la noche ha sido lluviosa y sobre las 9:30 ingresamos en el Parque Nacional para realizar la ruta de las Pailas, que es una ruta circular de 3 km que pasa por una catarata, un volcancito, lagunas humeantes, fumarolas y las pailas que son barros burbujeantes.

Para ingresar al Parque tenemos que registrarnos y pagar la cuota habitual de 10 $ por persona. Esta vez, lo vamos a hacer por nuestra cuenta siguiendo las recomendaciones de Diego el encargado de nuestro hotel, así que compramos un mapita para no perdernos y saber qué estamos viendo.

Iniciamos la ruta y de nuevo aparece el bosque lluvioso que se caracteriza por una vegetación muy densa de árboles muy altos que buscan la luz y de mucha vegetación epífita y musgos que cubren todos sus troncos y ramas. La humedad dentro del bosque es muy alta por lo que es imposible no sudar pero el paisaje es muy bonito y el paseo resulta agradable, sobretodo comparado con la caminata del Río Celeste que fue agotadora.

Llegamos a la cascada y aprovechamos para refrescarnos un poco y seguir caminando hasta Las Fumarolas que son unas salidas de vapores sulfurosos desde la tierra o en algunos casos desde el interior de alguna charca lo que provoca burbujas en el agua.

Por el camino a las Fumarolas nos han sorprendido un grupo de monos cara blanca que cruzaban sobre nuestras cabezas buscando su desayuno y hemos podido disfrutar observándolos y sacando alguna foto.

Seguimos el sendero que nos lleva hasta el Volcancito, que es un pequeño cráter humeante con barro hirviendo en su interior y en este punto empieza a llover pero gracias a la densidad de la vegetación dentro del bosque casi ni lo percibimos.

Continuamos la marcha por un sendero empinado y bastante embarrado y tras atravesar varios ríos, llegamos a las famosas Pailas que son unas lagunas de barro a 165 º C donde el barro está hirviendo y produce grandes burbujas. De aquí seguimos el sendero hasta la salida y nos dirigimos a comer, ya que la caminata empieza a hacerse notar y son cerca de las 12:30.

Comimos en el restaurante del hotel Rincón de la Vieja Lodge dos estupendos casados de ternera y de churrasco, ya que esta zona tiene muy buenos pastos y ganado. Y tras un cafetito decidimos ir a unas termas privadas cercanas que nos han recomendado, las termas de Río Negro (5 $ por persona, una ganga!). Por el camino, la tormenta que nos iba siguiendo desde el volcán llega a esta zona y empieza a llover con bastante fuerza. Al llegar pagamos al guarda y entramos a la caseta para ponernos el bañador y aunque esta lloviendo decidimos meternos en las piscinas de agua caliente. De pronto aparecen unos rayos enormes muy cerca y por nuestra seguridad decidimos salirnos del agua y refugiarnos de la tormenta en la caseta principal. Tras una media hora, donde nos hincharon los mosquitos, dejó de llover y por fin pudimos disfrutar de nuestro baño en las termas.

Tras el baño, bajamos a Liberia, la población más cercana que se encuentra a 20 km de pista a sacar dinero y comprar algunas provisiones y de aquí de vuelta al hotel, a relajarnos un poquito antes de la cena.

Día 12 – P.N. Volcán Tenorio (Río Celeste) – P.N. Rincón de la Vieja 09/08/10

El día amanece nublado, pero en Costa Rica esto no quiere decir gran cosa, ya que podemos pasar de un sol de justicia, a parecer que se te cae el cielo encima en cuestión de minutos. Estamos algo preocupados, porque nos han dicho que si llueve en Río Celeste el agua se enturbia y pierde su color característico, pero con muchas ganas de hacer esta excursión que según nos han contado es una de las mas bonitas que se pueden hacer por aquí.

Nos ponemos en marcha después de desayunar y pagar el hotel, no sin antes decirles algunas de las deficiencias que nos encontramos en la habitación, que tras las excusas de turno y una pequeña bajada de precio quedaron solventadas. Por otra parte el servicio fue muy bueno como se lo hicimos saber.

Rumbo a Guatuso desde La fortuna hicimos como una hora de carretera buena, hasta que justo antes de llegar a Katira tomamos una pista de tierra siguiendo la indicación de Catarata Río Celeste. Tras seguir la pista unos 20 minutos pasando por la empacadora de piñas, cogemos otra pista que empieza a empinarse de manera que tenemos que poner la tracción a las cuatro ruedas de nuestro pequeño todo terreno. Pasamos unos 25 minutos de botes, surcos y pendientes imposibles y llegamos a una ceiba gigante que tiene casi cuatro metros de diámetro en su base, ¡impresionante! Un poco mas adelante llegamos a un pequeño restaurante, desde donde empieza el sendero para hacer la excursión.

Contratamos un guía oficial del Parque, ya que aunque dicen que no hace falta, perderse por algún sendero resulta más fácil de lo que creemos y, a parte de eso, también colaboras a que esta gente pueda trabajar explotando y cuidando sus recursos naturales. El guía oficial para nosotros dos, la entrada y la comida a la vuelta nos ha costado 35$ por persona. Así que una vez equipados con las botas de montaña y el bañador, nos ponemos en marcha junto a nuestro guía. El sendero empieza fácil, pero pronto descubriremos que caminar por el bosque lluvioso no es nada fácil, ya que la humedad te ahoga y además, el barro junto a las raíces que están muy superficiales dificultan mucho la caminata.

Tras unos cuarenta minutos llegamos a un punto en el que empieza un recorrido circular en el que se puede ver la catarata, la laguna, los teñideros y por ultimo las aguas termales. El Rio Celeste se encuentra dentro del P.N. del Volcán Tenorio, y es por esto que encontramos actividad geotérmica en la ruta. Decidimos hacer primero la catarata y tras caminar 800 metros nos encontramos un precioso salto de agua que forma una poza de un color azul celeste eléctrico. Al cruzar el río por delante de la catarata nos refrescamos un poco para aliviar la sensación de calor y humedad que empieza a dejar huella en nuestras cansadas piernas.

Proseguimos el empinado sendero que nos lleva a la laguna azul, subimos los más de150 escalones y tras un paseo por un sendero algo más llano llegamos a la Laguna Azul.


Cuando llegamos hay gente bañándose en la laguna, cosa que esta totalmente prohibido, así que nuestro guía les invita a salir. Entre los bañistas está el guía del grupo que ha venido desde Arenal, que no entiende muy bien el porqué de la prohibición, ya que según él dentro no hay ningún ser vivo que puedan dañar. Después de una pequeña discusión, a cerca de vida que no se ve, pero que sí que está y con nuestros repelentes, cremas y demás sustancias podemos dañar un lugar tan bonito y tan frágil, seguimos el camino para llegar a los teñideros.

Los teñideros es el punto en el que se juntan las aguas de dos ríos, que debido a los minerales que arrastran, entre ellos azufre y hierro, provocan un color azul celeste intenso, dándole nombre al río.

Viendo que se nos hace tarde aceleramos un poco el ritmo y decidimos no bañarnos en las aguas termales. De todas formas cuando llegamos a las termales, había un grupo de diez personas dentro. Así que seguimos la ruta de vuelta al restaurante a comer que ya había bastante hambre. En total hemos estado 4 horas y media de ruta pero ha valido mucho la pena.

Después de comer un estupendo casado salimos pitando que eran las 16:30 y aun nos quedaban 3 horas y media de camino. Sobre las 20:00 llegamos al hotel Rinconcito Lodge, con el cuerpo molido de tantos baches en los últimos 20 Km de pista y con ganas de cenar un buen casado e irnos a descansar.